Jerez es la flamencura. Crónica de una extraordinaria anunciada

Cuando volvía de Jerez con la pena de quien marcha tras volverse a enamorar en una bendita noche de verano puse mi cabeza en las críticas que tiñeron por parte del "erudito" cofrade a la querida hermandad del Prendimiento.

No paraban de sobrevolar en mi cabeza las voces de muchos amigos: El paso de Cristo, la Banda, el estilo, lo de siempre y lo perdido, algo que por cierto se convierte en habitual en cada extraordinaria cofrade.

Pero ninguno de mis amigos me nombró el dulce aroma al llegar a Jerez lo cual invita a tomar un vaso antes de llenarse de los ojos ante la mirada de una dolorosa de la ciudad que sabe a lo que huele. El compás de una bulería en la Torneria, una madre gitana que se enjoya en una casa de Santiago como si de un fiesta tratara. Un viejo en bastón que prepara una saeta. ¡Jerez eres tan pura!

Una melena negra en la puerta, los nervios de una cruz de guía, los vecinos y una estampa de Dios en el dintel. El Señor de Prendimiento es la flamencura; una oración en cada palma a compás. Desamparo era pura luz, marcha con el único consuelo de los piropos con sabor de su barrio.

Francis, San Marcos, Rafael Rivero y un piano en la Soledad. Un Prendimiento que fue el de siempre mis amigos pues siglos que pasen Santiago quedará con su belleza en blanco y negro.

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