Autobiografía: La Universidad
...Pero volvió acercándose de aquella forma donde se preve una cuestión y de mí una rápida respuesta que satisfaga su necesidad intuitiva.
¿Que fue para ti la universidad?
Aunque me cogiera por sorpresa su inquietud pareciera que en los segundos del interrogante me diera tiempo a remover un argumento válido que esperaba para terminar la conversación.
“ Cada uno podrá elegir como toma sus años de universidad, parece un tópico manido pero que no se aleja de la realidad. Para mí la universidad fue el camino hacia la libertad; aunque no crea que fue el recorrido más fácil pues empezó con el miedo de no saber qué vas encontrar. Al menos supe que en aquel banco blanco de la puerta que nada desde entonces en mi vida volvería a ser igual.
Siempre estará la clase más grande de lo habitual, una selva de jóvenes que tienen que aprender a domar las actitudes de un mundo de adultos, algún punto en el mapa que estaba por desconocido y las mañanas en clases de dos interminables horas.
A partir de ello no tenemos más que un profesor como el descubridor que coloniza lo dormido de lo crítico, un horario estrambótico, un trabajo con aquel compañero de fatiga, el pelo despeinado de la costumbre, una exposición ante la pantalla, las mil y una noches de aulario bebiendo las letras que parecían infinitas, exámenes de horas donde tenemos que bailar entre lo estudiado y la imaginación, la paz del aprobado y la guerra por suspender.
Pero todo ello se llevaba mejor debido a los indígenas que compartieron conmigo el tiempo pues tuve la fortuna de tener por patio de la facultad la inmensidad del mar, por mesa de debate la arena caliente y por común un sueño guardado en el bolsillo, pues sorprendente será cuando veas entrar a niños a tu lados que en hombres y mujeres se convirtieron aunque no sé el momento exacto.
No sé si aprovechamos nuestros años de universidad y seguramente pude hacer algo más. En mi defensa diré que si volviera atrás mil veces repetiría sin dudar cada segundo pues ya te dije que encontré mi libertad para al menos no ser un servil y dócil juglar de nuestra sociedad. Pues si resume mejor: una amiga, un profesor, una clase antes de contemplar el mar y por último un examen es la receta perfecta para pensar por toda la eternidad.”

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