Visión sobre una visión de El Rocío

Del lado de Aquí.

Hoy después de un año en que solo he tenido en cuenta El Rocío con las sevillanas en una verbena cotidiana cualquier fin de semana. Me he puesto el gorro, la camisa, el vaquero, unas botas compradas en la zapatería más cercana y he empuñado la negrura de mi medalla es Domingo de Pentecostés y no me he preocupado por mi hermandad pero espero tener un hueco, cama, lote y alcohol hasta que no llegue a la Aldea.

En contraposición a las camisas negras, a las noches en velas, a los cirios apagados, los últimos tragos para la mula que beba mi agua, dos noches de quemaduras en las manos y al alba despierto. Para luego verte durante cuatro días en este año: Que lejos está el Rocío, que año más duro de trabajo y perdona por mi madre, está mayor y no hace el camino. De camino paramos en casa de ancianos, predicamos y andamos a pesar de las dunas inmensas del camino.


Del lado de allá.

Estos Rocieros con lo fácil que es el camino dónde todos van borrachos y drogados. Fanáticos sin sentido que hipotecan su vida para pasar a la bartola días cuya devoción es toda mentira.

Y aquí en medio me quedo yo, sin saber quién lleva razón ni dónde está la verdadera devoción. Pero al ver las fotos de Rafael Avilés a pesar del bulto mediático me niego a pensar que todo sea mentira.

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